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Las reflexiones interesantes sobre el culto del viaje en automóvil por los Estados Unidos

La fabula de la autopista americana es tan compleja y larga como el Gran Cañón. Los libros, la música y las películas han agregado encanto, espiritus y agallas a lo que en otros países sería sencillamente un trayecto largo, incluso tedioso.

Los extensos, heterogéneos panoramas, minúsculas localidades y enormes ciudades que pasan los conductores causan que los argumentos funcionales de estipular y asegurar un coche, y memorizar algunas nuevas reglas merecen la pena. En Arizona, se puede aparcar en la singular ciudad desierta de Winslow, que todavía es un punto de interés turistico, en la renombrada ruta 66.
Big Sur es bastante más grande cuando vienes en tu propio coche, a tu propio paso. Florida parece bastante más soleado cuando navegas en un cabriole. Los cerros y poblados de Monument Valley encajan perfectamente en una ventana lateral. En 1913, se instituyó la autopista Lincoln. Fue la primera carretera “mejorada”, con techo rigido y ocasionalmente nivelada, que atraviesó el país, extendiéndose por 3,389 millas desde Nueva York hasta San Francisco. En 1926, los Estados Unidos empezaron a determinar sus carreteras, exigiendo cierto orden en las derrotas que cruzaban el país y que habían evolucionado a partir de itinerarios previos de autocares, correo y carretas.
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Autor: ERIC SALARD
Źródło: http://www.flickr.com
No obstante, el día de fiesta de guía estadounidense perfecto implicará al menos algunas rutas estatales más quietas y carreteras secundarias.

Aquellos con tiempo excesivo pueden programar un viaje en uno de los itinerarios legendarios de larga distancia, pero también si tienes solamente una semana o menos, es posible hacer algunas rutas más cortas muy fotogénicas.